En cualquier ciudad con vocación cosmopolita, del Mediterráneo a la costa del Pacífico, sus terrazas mejor diseñadas comparten un rasgo común: nada parece forzado.
En los entornos de trabajo más avanzados, desde estudios creativos hasta sedes corporativas donde la arquitectura marca el tono, surge una prioridad que ya no se oculta detrás de la eficiencia: el confort.
La ciudad se habita también en las pausas. En una mesa al sol, por ejemplo, en una terraza que se convierte en una frontera amable entre lo público y lo privado.